Un proyecto de transmisión no es un sitio: es una franja de decenas o cientos de kilómetros que atraviesa predios, quebradas, caminos y áreas protegidas. Eso cambia la logística de la medición y, sobre todo, el tipo de problema que hay que resolver.
Buena parte del trabajo no es geométrico sino territorial: por qué predios pasa el trazado, cuánto afecta a cada propietario, qué servidumbres hay que constituir. Eso exige cruzar el levantamiento con la información de roles y del Conservador.
Y una vez construida, la línea hay que inspeccionarla: estructuras, aisladores, distancias de seguridad a la vegetación. Ahí el dato geoespacial deja de ser de proyecto y pasa a ser de operación.

