El LiDAR mide distancias: emite un pulso láser y cronometra cuánto tarda en volver. Montado en un drone y combinado con la posición de la aeronave, cada pulso se convierte en un punto con coordenadas conocidas.
La diferencia con la fotogrametría es de naturaleza, no de precisión. La fotogrametría infiere la geometría a partir de imágenes, y por eso sólo reconstruye lo que la cámara ve. El LiDAR mide, y su pulso puede colarse por los huecos del follaje y reflejarse en el suelo.
De ahí su uso característico: terreno bajo vegetación, taludes con cubierta arbustiva, fajas de transmisión en zonas boscosas. Donde no hay vegetación, rara vez justifica su costo frente a la fotogrametría.

